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28
Publicado por:
Redacción
domingo, 28 de noviembre de 2004
Cómo vive la comunidad ucrania de nuestra región la crisis en su país
Los dedos de Larisa Bondare se mueven con precisión de pianista pero salpicados de harina y ricota. Trabajan en el repulgue de algo que parece ser una empanada en miniatura. "Es varénke -aclara-. Una comida típica de nuestro país". Larisa llegó a nuestra región hace cinco años proveniente de Ucrania. Vino con su marido, una hija chiquita y un embarazo de pocas semanas. Ayer, junto a otras mujeres de origen ucranio, Larisa cocinaba en la sede de la colectividad ucrania de Berisso y, como todas, no podía evitar la preocupación por lo que pasaba en esa tierra que la vio nacer y que hoy camina sobre el peligroso borde de la guerra civil.
"Es muy doloroso -sintetizaba en un español aprendido casi a la perfección-. Allá están nuestros familiares y sabemos que la situación es terrible. Estamos pegados a la televisión y nos comunicamos telefónicamente todo el tiempo. Pero nada. Desde acá no podemos hacer nada. Sólo seguir con nuestras vidas y rogar para que en nuestra patria no se derrame sangre".
A unos metros de Larisa, Eugenio Juzwa, presidente de la colectividad local, asentía con gesto adusto y ampliaba la idea: "Todo esto se lo debemos al avance de Rusia sobre la Ucrania independiente. Putin es el culpable: quiere decidir sobre nuestras vidas y meterse en nuestros asuntos como si fuéramos suyos. ¿Si hoy estamos divididos? Lamentablemente sí. Por un lado está la parte Este del país, influenciada por los rusos, y por el otro la Ucrania occidental. Esa división lo único que hace es traer problemas. Y desde luego: generarnos preocupación. Mucha preocupación".
La inquietud de los ucranios que viven en nuestra región -unos 5 mil entre nativos y descendientes- no es caprichosa. Al contrario: se sustenta en la división que sufre su país desde hace tiempo pero que se profundizó a partir de las elecciones presidenciales del domingo pasado, tras las cuales los simpatizantes del líder opositor Viktor Yuschenko se niegan a reconocer el triunfo del oficialista Yanukovich, avalado por el presidente ruso Vladimir Putin pero no reconocido por la Unión Europea ni los Estados Unidos.
Alejados de cualquier cuestión diplomática y en una serena tarde berissense, la colectividad ucrania local escuchaba ayer las últimas noticias que llegaban de su patria sin poder salir del estupor. Pegados al televisor, leyendo los diarios o intercambiando lo último que habían escuchado en la radio, muchos auguraban un desenlace preocupante.
"No se va a salir tan fácil de semejante conflicto", especulaba Esteban Nikonn (foto), un ucranio que combatió en la Segunda Guerra Mundial y que llegó a nuestra región hace 56 años, luego de vivir en Italia e Inglaterra. Para él, la división de su patria "sólo puede tener malas consecuencias. Ante tanto odio y división es muy difícil que surjan cosas positivas".
Mientras hablaba, las palabras de Nikonn parecían confirmarse dolorosamente en los últimos discursos que llegaban desde el televisor: "El país se halla al borde de una guerra civil", anunciaba un Yuschenko conmocionado pero decidido en la Plaza de la Independencia, y lo escuchaban con igual intensidad las miles de personas que se vienen concentrando en Kyiv como las pocas que ayer se agrupaban en la sede de Berisso, donde el conflicto desatado del otro lado del océano hizo agitar la calma habitual que se vive en sus silenciosos e historiados salones.
"Nos reunimos a cada rato", confirmaba Juzwa, y miraba a su mujer mientras iba y venía al costado de un caballete preparando el relleno para los varénkes. "Anna Masora", apuntaba después, y agregaba sin necesidad de ninguna pregunta: "nacida en Ucrania y criada en estas tierras. Cómo no vamos a estar destrozados; nuestras vidas están acá, pero hoy el sentimiento lo tenemos allá. Imposible no tenerlo allá".
Por FACUNDO BAÑEZ
Fuente: Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina
La Plata, Viernes 26 de Noviembre de 2004
Editado por - Redacción en 29 noviembre 2004 00:35:28
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