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Publicado por:
Redacción
lunes, 18 de octubre de 2004
“No se va, Ucrania no se va, Ucrania no se va!!!”
Las voces de las más de diez mil personas en el Parque Cervecero de Villa General Belgrano le introducían a la cuarta presentación del Ballet Folclórico “Prosvita” de Buenos Aires en la 41ª Fiesta Nacional de la Cerveza, un marco digno de un recital de rock.
Ya habían pasado las dos funciones del sábado 9 y la actuación vespertina del domingo 10, frente a una multitud que los organizadores calcularon cercana a las 20 mil personas, de acuerdo a la cantidad de entradas vendidas.
Desde la reincorporación del ballet Prosvita al programa de la fiesta, en el 2001 y luego de casi 30 años de ausencia, cada año se renueva la especial comunicación que se establece entre el público y los artistas.
En un escenario compartido con grupos de distintas colectividades entre los cuales se destacaron especialmente el Ballet Escocés –de reciente participación en un videoclip del grupo múical “Los Pericos”- , el grupo local argentino y el italiano, el grupo dirigido por Mariano Pawlyszyn y Eduardo Slusarczuk, integrado por 23 bailarinas y 19 bailarines, se movió a sus anchas.
Cada una de las apariciones en escena durante el fin de semana pasado tuvo, pese al repertorio repetido, características particulares.
Un auditorio más numeroso y tranquilo permitió, en el horario de la tarde, una demostración más prolija y estructurada, aunque no por eso exenta de emotividad. Bastó con ver algunos rostros surcados por lágrimas agradecidas mientras los aplausos se multiplicaban al término de cada baile.
Por las noches, espectadores más jóvenes y con varios “chops bebidos” de la vedette de la fiesta -–en sus variedades rubia, negra y roja—, exigieron una entrega diferente, que los integrantes del Prosvita no esquivaron. Con menos cuidado estético, pero con el cansancio olvidado y la energía a pleno, la fiesta de abajo se subió al escenario. Fue cuando la Hutzulka, cuadro tradicional de la zona de los Cárpatos y el Hopak, danza popular en la que se suceden las destrezas en intervenciones individuales, tuvieron su correlato en un “frenesí” que se combinaba sin problemas con la música ucraniana.
En la última tarde cordobesa, frente a una concurrencia mucho menor -muchos emprendieron el regreso desde la Villa por la mañana-, el ballet cerró un fin de semana que lo confirmó como una de las atracciones más relevantes de un evento que año tras año aumenta su convocatoria.
“Ucrania no se va, Ucrania no se va!!!” Es probable que esas voces se repitan por un tiempo en el interior de quienes, más allá de sus obligaciones laborales o académicas, ofrecen su tiempo, esfuerzo y entusiasmo para mantener vigente el arte que sus antepasados trajeron a la Argentina desde su tierra de origen. Y está bien.
E. Slusarczuk
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