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abr 15

Publicado por: Redacción
martes, 15 de abril de 2003

CHOELE CHOEL (AVM).- Una Pysanka o huevo pintado no sólo es un raro objeto artístico, es además parte de la cultura de los pueblos del este de Europa. Se entregan como un presente en la época de Pascua, como símbolo de vida. Pero su origen se remonta a antes de Cristo, cuando eran objeto de culto porque se pensaba que encerraban poderes mágicos. En Choele Choel, Cristina Serediak de Forte, que nunca olvidó sus orígenes ucranianos, los hace con paciencia de orfebre. Con sutileza, a partir de un simple huevo de gallina, puede hacer una pequeña obra de arte, llena de colores, de símbolos que remiten a la vida y a la religión. En estos días viajará a Buenos Aires, donde compartirá junto a devotos de la iglesia católica de corriente oriental una nueva celebración de la Pascua de resurrección. Como parte de los festejos, los feligreses intercambiarán estas hermosas piezas de artesanías con preciosos motivos, no elegidos al azar, por el contrario cada detalle encierra un significado especial. Para hacerlos, porque Cristina pinta cada uno de ellos, se recurre a distintas técnicas, pero la más empleada es el batik, que requiere el uso de cera de abejas, de unas pequeñas herramientas con punta hueca llamadas kictka, que tienen distinto grosor, y de anilinas de diversos colores. Explicó que estas herramientas, kictkas, no se conseguían en la Argentina, por lo que las tuvo que fabricar. Son el instrumento principal, dado que con ellas se dibuja la superficie de las pysanka. Cada huevo requiere más de 6 horas de trabajo. Por eso, para hacer los 45, que Cristina lleva a Buenos Aires, comenzó a trabajar a fines del año pasado. Cuenta que la tradición consiste en que "él que puede los pinta, y si no se tiñen de un solo color. Pero la costumbre es regalar un huevo como símbolo de vida. Y a la mañana, cuando se levantan, ese huevo que fue bendecido el día sábado, el jefe de familia lo divide en tantas porciones como personas hay en la casa. Y se desea felices pascuas comiendo ese pedacito de huevo bendecido". Serediak relató a este medio la larga historia de estas artesanías, que aún perduran. "Desde los tiempos antiguos se pintaban los huevos. Y se los ponían sobre la mesa para el año nuevo, que era el comienzo de la primavera para los habitantes de Eurasia. Los persas celebraban el año nuevo regalándose un huevo pintado de un solo color. Al no haber anilina, pintaban con colores naturales que sacaban por ejemplo, de la remolacha, de la cebolla, de la corteza de los árboles". Agregó que "los romanos también usaban huevos pintados para distintos juegos, para ceremonias religiosas, inclusive para el perdón de sus pecados". Contó que "ya en el año 46 el filósofo griego Plutarco hablaba de un culto al huevo. Y se cree que fueron los persas quienes trajeron esta costumbre a Ucrania. Todos los países del este de Europa, los pintan, pero es en Ucrania donde se desarrolló más esta práctica". "Y se usaban con símbolos cósmicos: estrellas, la luna, el sol. Formas de triángulos que encerraban el agua, el aire y el fuego, que eran los elementos más importantes para ellos". "En el año 988, cuando llega el cristianismo a Ucrania, toda esta parte que era pagana se transforma al catolicismo. Incluso los detalles que se pintaban pasan a tener una explicación religiosa. El triángulo se convierte en la representación de la divina trinidad del catolicismo, -padre, hijo y espíritu santo-". Una historia llena de magia y de leyendas CHOELE CHOEL (AVM).- Los antiguos creían que el huevo encerraba poderes mágicos, por tener una fuerza especial. Por ejemplo, explicó Cristina que si uno aprieta un huevo por los extremos, con los dedos, por más fuerza que se le imprima, no se rompe. Se creía además que la yema, la parte amarilla, era el sol encerrado. "Los huevos pintados se usaban para todo, no sólo como regalo de persona a persona. Por ejemplo pintando la cresta del gallo, ellos creían que cuidaban a las casas de los truenos y de los relámpagos. Decían -además- que la cáscara molida de un huevo pintado y bendecido, paraba las hemorragias. Es decir hay todo un folclore alrededor de este tema" sostuvo Cristina. Agregó "por ejemplo a los muertos se les daban huevos pintados, porque ellos creían que la gente revivía en las flores y los árboles y que la fuerza que les daba los pysanka les posibilitaba transformarse". Cada detalle pintado tiene una explicación. Así una línea continua y ondulada significa el transcurrir del tiempo. Mientras que unos pequeños puntos alrededor del árbol de la vida, significan las lágrimas vertidas por el pueblo de Ucrania por las sangrientas conquistas que tuvieron que sufrir. Además hay decenas de leyendas que ligan esta artesanía con Cristo. Dice una de ellas, que cuando Cristo estaba siendo apedreado en las calles de Jerusalén, mientras la gente le tiraba piedras, al caer al suelo los proyectiles se convertían en huevos. Fuente: Diario Rio Negro En la fotografía: Cristina en plena tarea. Ella misma fabricó sus herramientas.

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