El seis de enero la Iglesia celebra la Teofanía y el bautismo de Jesús en el Jordán. Celebrando el bautismo de Jesús celebramos también nuestro bautismo, el día más importante de nuestra vida, pero muchos cristianos no saben qué día fueron bautizados.
El bautismo nos hace hijos de Dios. Esta dignidad es la más importante de todas las dignidades que podríamos recibir durante nuestra vida: "soy hijo de Dios".
El bautismo también nos incorpora a la Iglesia, somos injertados en Cristo y ya no vivimos nosotros sino Cristo vive en nosotros. Al ser bautizados nos convertimos en Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo.
El bautismo no es un punto de llegada sino de partida, el inicio de una maravillosa aventura de la vida con y en Cristo.
Cuando decimos que la Iglesia no funciona bien, estamos diciendo que nosotros no estamos cumpliendo bien nuestra función de bautizados. Cuando decimos que la Iglesia no hace tal y tal cosa, estamos diciendo que nosotros no estamos haciendo tal y tal cosa. Con frecuencia nos situamos fuera de la Iglesia y la criticamos sin mover un dedo para mejorar las cosas.
Por el bautismo somos directamente responsables de la Iglesia y de la evangelización, tan responsables como el mismo Papa, solo cambia el ministerio, no la responsabilidad.
Por todo lo que no hacemos como Hijos de Dios y miembros de la Iglesia sufre toda la comunidad cristiana y el pecado más pequeño daña a toda la Iglesia. En el juicio final tendremos que dar cuentas a Dios por la indiferencia, pereza y apatía como bautizados, miembros de la Iglesia.
Se dice que un ratón, mirando por un agujero en la pared vio al chacarero y su esposa abriendo un paquete. Pensó qué sería un rico queso. Quedó aterrorizado cuando vio que se trataba de una trampa para ratones. Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: "¡Hay una trampa en la casa, una trampa en la casa!"
La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo: "Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero no me perjudica en nada, ni me incomoda".
El ratón corrió a ver al cordero y le dijo: "¡Hay una trampa en la casa, una trampa!" - "Discúlpeme Sr. Ratón, pero no es problema mío y no hay nada que yo pueda hacer, solamente rezar por usted. Quédese tranquilo - lo recordaré en mis oraciones."
El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le repitió lo mismo. -"¿Acaso estoy en peligro? Pienso que no" - dijo la vaca.
Entonces el ratón volvió a su cueva, preocupado y abatido, para encarar el peligro solo. Aquella noche se oyó un gran ruido, como el de una trampa atrapando a su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la trampa atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente mordió a la mujer.
El colono la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre. Dicen que la mejor manera de alimentar a alguien con fiebre, es la sopa de gallina. El colono tomó su cuchillo y mató a la gallina.
Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el colono mató al cordero.
La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces mató la vaca para cubrir los gastos del funeral". ¡Todos fueron afectados! Hoy se sigue anunciando - ¡cuidado, hay una trampa! Una trampa que nos puede hacer perder el alma, pero nadie escucha.
Todos somos corresponsables y por ser indiferentes, por no escuchar, por usar la Iglesia sólo cuando la necesitamos, sin aportar nada como bautizados, nunca seremos bendecidos, como nos explica San Pablo: "Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente", (2Cor. 9:6).
Pbro. José Hazuda