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lavozdelaiglesia
sábado, 20 de octubre de 2007 12:53 p.m.

Uno de los hechos más trágicos de la historia del comunismo soviético, por obra del gobierno de Stalin, fue la muerte de 17 millones de personas por hambre artificial en Ucrania.
Para honrar el sacrificio de tantos inocentes, es para nosotros un deber de caridad decir la verdad increíblemente censurada durante 75 años. Esto sucedió entre los años 1932-33 en Ucrania oriental que, por entonces, se había transformado en un gran "Lager", donde millones de hombres, mujeres y niños agonizaban o morían de hambre sin que alguien los pueda socorrer o enterrar. Mientras esto ocurría, los gobernantes de turno permanecían en la indiferencia.
En marzo de 1933, el Papa Pío XI pronunció una severa advertencia a aquellos gobernantes que sirviéndose de ideologías nefastas oprimían injustamente a pueblos o naciones. Luego el gran metropolita de la Iglesia greco-católica, el siervo de Dios, Andrés Sheptychky, el día 24 de julio de 1933, con una carta pastoral, apelaba a toda la gente de buena voluntad a que ayuden con víveres a quienes eran víctimas de la hambruna aunque se encontraban en territorio conocido como "el granero de Europa, es decir: Ucrania Oriental".
El terror de la muerte por el hambre artificial fue una estrategia elaborada sobre un escritorio, en Moscú, para ser aplicado, como un golpe sin piedad, con los ucranios agricultores amantes de la libertad y del trabajo como así también con todos aquellos que se resistían a la colectivización forzada. Fue también un atropello a la cultura ucrania, a la conciencia nacional acusada aún hasta hoy de nacionalismo fanático y a la fe en Dios de católicos y ortodoxos.
En el idioma ucranio se ha fijado el término "HOLODOMOR" para expresar lo inexplicable, el horror, terror o violencia lenta y continua contra este pueblo inocente e indefenso. Lamentablemente, aún en el presente todo esto se trata de ocultar con ideologías políticas, discursos y opiniones que pretenden encubrir o distorsionar la verdad histórica. Pero sólo la verdad nos hace libres para hablar, pensar, perdonar y actuar.
Dios nos ayude a que nadie jamás' repita la aberrante realidad del Holodomor. Que este hecho histórico tan repudiable y triste nos impulse a trabajar para construir un porvenir más humano y digno, que sepamos desechar toda forma de ideología y fundamentalismos religiosos que dañan la sociedad, la dignidad humana y las aspiraciones dignas de todo hombre.
Para finalizar quiero citar un parágrafo del gran defensor de los derechos humanos: Papa Juan Pablo II quien en su carta del 23 de noviembre de 2003 dice: "Si viene sobre nosotros algún mal, espada, castigo, peste o hambre nos presentaremos delante de Ti, porque tu Nombre reside en esta Casa. Clamaremos a Ti en nuestra angustia, y Tú nos oirás y nos salvarás" (Cron. 2, 20-9).
Es preciso que nos comprometamos en favor de la dignidad humana, de la pacificación sincera y efectiva porque de este modo honraremos, adecuadamente, a las víctimas pertenecientes a la gran familia ucraniana.
Que el sentimiento del sufragio cristiano por cuantos murieron a causa de un insensato proyecto homicida vaya acompañado por la voluntad de edificar una sociedad donde el bien común, la ley natural, la justicia para todos y el derecho sean guías constantes en la eficaz renovación de los corazones y de las mentes de cuantos nos enorgullecemos de pertenecer al pueblo ucraniano. Así, seremos un valioso testimonio para la generación presente y para las futuras.
Padre Luis Glinka, OFM
Edited by - lavozdelaiglesia on 22/10/2007 5:48:34 PM
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