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Publicado por: lavozdelaiglesia
martes, 07 de agosto de 2007 01:39 p.m.

Introducción
La Divina Liturgia, es en cierto sentido, la repetición perpetua del gran acto de amor hecho para nosotros. Se repite la Vida de Nuestro Señor, desde su nacimiento hasta su ascensión al Cielo.
Desde los confines de la tierra, la humanidad lamentando sobre su estado desordenado, clamó a Su Creador. Entre las tinieblas del paganismo y en ignorancia de Dios, la humanidad reconoció que el orden y la armonía, podían ser restauradas al mundo, solamente por Aquel que hizo andar al Universo.
Su Encarnación Inmaculada de una Virgen pura, fue conocida hasta por los paganos, pero fue predicho claramente sólo por los profetas. Los clamores fueron escuchados: Él, por quién el mundo fue hecho, apareció en el mundo.
Apareció entre nosotros, como uno de nosotros, en la figura del hombre como estaba predicho, entre la oscuridad del Paganismo. Pero no en la forma que pensaban; no en el orgulloso esplendor y grandeza; no como el castigador del crimen; no como el juez que viene a condenar a algunos y premiar a otros, sino que vino como sólo Dios podía venir.
La Divina Liturgia o Santa Misa, tiene su trascendental importancia, por cuanto se rememora el Sacrificio del Gólgota: la Crucifixión de nuestro Salvador, junto con la última cena que, Nuestro Señor realizó poco antes de su Sacrificio Redentor, el Jueves Santo (ver San Mateo 26:26-28 y 1 - Epístola a los Corintios: 11:24).
Desde los primeros siglos, los cristianos rezaban en las reuniones, en las cuales celebraban por sobre todo, el Oficio de la Santa Eucaristía, en cumplimiento de las palabras de Jesús en la Cena: Haced esto en memoria mía.
Este oficio fue llamado Liturgia (del griego litos: popular y ergon: obra, función o ministerio, que podemos traducir como ministerio público).
Posteriormente en Occidente, se le dio el nombre de Misa (de Missio: despedir, refiriéndose a la despedida de los catecúmenos).
La más antigua, es la Liturgia de San Jacobo o Santiago (1er. Obispo de Jerusalén) que aún conserva Santiago (al lado de la Iglesia del Santo Sepulcro), para la fecha de su festividad.
Para el año Litúrgico, nuestra Iglesia, ha adoptado las de San Basilio, arzobispo de Cesarea en Capadocia (de principios del Siglo IV) y la de San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla (fines del Siglo IV). Estas dos, difieren muy poco, solamente en las oraciones secretas, que en la de San Basilio, son más largas, en un himno y en algunas palabras que se agregan a las de la Cena. Además, se conserva la Liturgia de los Presantificados, atribuida a San Gregorio - Papa de Roma a fines del Siglo V y comienzos del VI.
El nombre de Presantificado, deriva del hecho que en ella se omite la Consagración o Transubstanciación, ya que los Dones han sido consagrados anteriormente.
La Liturgia de San Basilio, se celebra en los primeros cinco domingos de la Gran Cuaresma; también el Jueves y Sábado Santo; en las vigilias de Navidad y Epifanía, salvo que la fiesta cayese sábado o domingo, en cuyo caso, se trasladan dichas festividades y el 1ro. de Enero, fiesta de San Basilio.
Los días propios para la celebración de la Liturgia de los Dones Presantificados, son los miércoles y viernes de las seis primeras semanas de la Gran Cuaresma; los lunes, martes y miércoles de Semana Santa y otros días de esta Cuaresma en que se oficie para recordar algún santo si el mismo cae lunes, martes o jueves; salvo que coincidiese con la Anunciación.
La Liturgia de San Juan Crisóstomo, se celebra durante el resto del año. Es interesante hacer notar que la Iglesia Bizantina celebra los Divinos Oficios en el idioma nacional de cada país de manera que los feligreses entiendan perfectamente todo lo que se lee y canta en ellos. Indicamos, además, que no está permitido celebrar sobre un mismo Altar o por un mismo Sacerdote, más de una Misa en el mismo día.
Una antigua costumbre muy común en la Divina Liturgia, es la concelebración; es decir, que una Misa puede ser oficiada por varios sacerdotes a la vez.
La Liturgia de San Juan Crisóstomo al igual que la de San Basilio, tiene 3 partes:
1.- Proskomedia; 2.- Liturgia de los Catecúmenos;
3.- Liturgia de los Fieles.
Para conocer mejor el significado del ritual de cada una de estas partes, la explicación sobre las mismas:

Preparación de los Dones
El sacerdote que va a celebrar la Liturgia, debe desde la víspera, ayunar en cuerpo y mente. Debe estar en paz con todos; ser cuidadoso y no tener resentimiento contra nadie. De la víspera en adelante, habiendo leído las oraciones apropiadas, debe tener su mente fija sobre la santidad que lo espera al día siguiente para que sus pensamientos sean santificados.
El diácono, indica el comienzo de la Divina Liturgia diciendo: Bendice Padre. El sacerdote, comienza con las palabras: Bendito sea Dios ahora y siempre y por todos los siglos de los siglos.
El sacerdote va a la mesa de la Proskomedia. Como toda esta parte del servicio consiste en reparar lo necesario para la celebración de la Liturgia, la Iglesia ha unido en conmemoración del comienzo de la Vida de Cristo, que fue la preparación para sus obras, sufrimientos y muerte.
Todo esto, se hace en el Santuario con las puertas cerradas, sin ser visto por la gente, como todo el principio de la vida de Cristo pasó sins er notada por la multitud.
Los primeros cristianos habían dividido el día en cuatro horas principales: la Primera Hora, cuando empieza la mañana; la Hora Tercera, cuando descendió el Espíritu Santo sobre los Apóstoles; la Hora Sexta, cuando el Salvador del mundo fue elevado en la Cruz y la Hora Novena, cuando rindió su Espiritu. Para los cristianos de hoy, se juntaron las cuatro horas y se leen una, después de la otra. El sacerdote, lleva la prósfora (pan de altar) para separar la porción del medio que tiene el sello y el nombre de Jesucristo (Cordero) y depositarlo en la Patena (plato), como la oveja traida para el sacrificio.
De pie, delante de la mesa de oblación, el sacerdote se inclina como venerando al mismo Cristo encarnado, y saluda bajo la forma del pan en la Patena, la aparición del Pan Celestial en la tierra, incendiándolo y acompañando cada acto con oraciones.
Transportándose al tiempo de la Natividad de Cristo, mira en la mesa de oblación la gruta misteriosa, donde el Salvador del mundo, quiso nacer inciensando el asterisco, lo pone sobre la patena, viendo en él, la estrella que condujo a los Reyes Magos donde estaba el Niño Divino. Inciensa el primero y segundo velo, cubriendo el Cáliz Santo y la Patena e inciensando el tercero, cubre los dos juntos. Luego, se inclina como los pastores y Reyes se inclinaron delante del Niño Divino e inciensa la Gruta que representa la mirra y el incienso, ofrecidos junto con el oro, por los Magos.
El diácono que acompaña al sacerdote en las oraciones, inciensa las oblaciones y la Santa Misa en forma de cruz y sale del santuario a incenciar, como un saludo a todos los presentes, y llenar la Iglesia de dulce aroma. Este acto se realiza siempre al principio de la Liturgia. Incensando a todos: ricos y pobres, el diácono, como siervo de Dios, los saluda como huéspedes del Altísimo, incensando las imágenes de los Santos, porque ellos también han venido, asistiendo a la fiesta Sacramental pues, en Cristo, todos viven y no están separados.
El diácono entra en el Santuario a incenciarlo y junto con el sacerdote, se inclinan tres veces, invocando al Espíritu Santo para que los llene y los purifique para el Servicio. Juntos, recitan el himno con que los Ángeles acogieron la Natividad de Jesucristo: Gloria a Dios en los cielos y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad.
El sacerdote, besa el Santo Evangelio que representa a Nuestro Señor y el diácono, a la Santa Mesa que representa a Su Trono. El diácono, medita en el Divino Servicio en el cual él debe sentirse como un ángel volando del Altar hacia la gente y de la gente, hacia el Altar.

P. Luis OFM

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