La maratón de actividades destinadas a la difusión del Genocidio contra el pueblo ucranio de 1932-33, llamado Holodomor, continuó ayer con una conferencia realizada en la UCA (Universidad Católica Argentina), a cargo del consejero de la Embajada Ucrania en el país, Oleksandr Khrypunov, el doctor en Ciencias Políticas Juan Jorge Shapowal y el vicario general de la Eparquía Católica Ucrania en Argentina, Luis Glinka.
El acto, cuyo inicio incluyó la entonación de los himnos argentino y ucranio, y fue precedido por un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la hambruna que asoló a Ucrania a comienzos de la década del ’30, y que resultó en una de las tragedias más grandes de la humanidad, en el siglo XX.
Una reseña histórica de Ucrania, los antecedentes de la puesta en marcha de maquinaria del hambre artificial, su programación y desarrollo, más las consecuencias que tuvo para Ucrania, fueron expuestas por Shapowal, a través de la lectura de una ponencia preparada por Nicolás Shapowal, cuya presencia no fue posible a raíz de compromisos que le impidieron viajar desde Alemania, país en el que reside.
“El Holodomor fue el arma política que el régimen soviético utilizó para vencer la resistencia de los ucranios, por lo que admite la calificación de genocidio planificado”, asevera el texto en sus comienzos. Una adecuada cronología ubica a Ucrania en el centro de disputas geopolíticas, en gran medida potenciadas por su ubicación geográfica.
Más adelante, la ponencia rescata los años de autonomía que Ucrania vivió en la etapa del “nacional comunismo que se extendió hasta 1926”, a partir de cuando José Stalin inició una depuración del sistema y propugnó la colectivización de la propiedad privada y su producción, en aras de la industrialización de la URSS.
Los mecanismos de presión fiscal y las políticas de persecución, deportación y ejecución también fueron detalladas a través de la lectura del trabajo de Nicolás Shapowal, quien fundó sus consideraciones en datos concretos, citados en la monografía.
“Los cadáveres estaban desparramados por las calles, dos veces por día los camiones pasaban a recoger los cuerpos de los muertos, había brigadas especialmente dedicadas a recoger los cadáveres, los cuerpos hinchados por la falta de alimento eran una imagen que se repetía en las calles”, leyó el disertante.
Al cabo de poco más de seis meses, “alrededor de siete millones de ucranios murieron de hambre”. “Es decir – concluye el texto -, el equivalente al 20 por ciento de la población del país”. La alocución de Shapowal, seguida con atención por los poco más de 40 asistentes, dejó en claro que la intención de rescatar la memoria del Holodomor el la de obtener el reconocimiento y conocimiento por parte de la comunidad internacional, y tener presente lo que es capaz de hacer el hombre en pos de sus intereses.
En segundo término, el representante diplomático, Oleksandr Khrypunov, dedicó su espacio para destacar la campaña de difusión del hecho puesta en marcha por el presidente ucranio Víctor Yuschenko, cuyo objetivo principal es el de obtener el reconocimiento del mismo como un acto de Genocidio contra el pueblo ucranio.
Khrypunov admitió que “con la apertura de los archivos de la ex Unión Soviética se pudo acceder a la magnitud de la catástrofe desatada por esos días, cuando morían 17 personas por minuto, 1000 por hora, 25 mil por día”.
Un especial agradecimiento para el Senado argentino, para los gobiernos de Misiones y Chaco, como para la Legislatura porteña y los cuerpos deliberantes de Berisso y Apóstoles, antecedieron su mención de la incorporación que Yuschenko solicitó del tema, a la agenda de la Asamblea de las Naciones Unidas.
El Consejero reclamó una mayor difusión del tema entre los jóvenes y recordó que la jornada de hoy fue declarado Día de Luto para los ucranios en todo el mundo. También informó que a las 16 (hora ucrania), habrá una paralización total de las actividades en el país, acompañada con un minuto de silencio en memoria de las víctimas.
En su intervención, el padre Luis Glinka afirmó que la masacre desatada contra los ucranios en 1932-1933 se puede equiparar a la persecución sufrida por los cristianos en la antigüedad, por el solo hecho de serlo. Además, sostuvo que existe un desconocimiento del hecho en la sociedad argentina y abogó por que “nunca más se repita un hecho similar”.
“La justicia humana suele estar emparentada con intereses políticos y económicos”, acusó el párroco, quien aseveró: “No juzgamos, no condenamos”. Glinka llmó a poner por sobre todo el espíritu cristiano del perdón, y lo extendió a los casos en que algunos ucranios pudieran haber colaborado con los nazís, “involuntariamente, por presiones, por miedo o por salvar su vida”.
Por último, pidió que las víctimas del hambre artificial desatada como parte de “un plan que finalmente fracasó, sean considerados mártires de la dignidad humana”.