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ago 28

Publicado por: Redacción
lunes, 28 de agosto de 2006

Dos pibes, una idea, un redactor y una distinción que enorgullece Por Eduardo Slusarczuk Hace unos cinco años el panorama era más que austero: dos pibes de poco más de 20, una idea, un par de parientes de apoyo y una convicción a prueba de obstáculos. Que no fueron pocos. Pasó el tiempo y los más de 1200 usuarios activos, más los visitantes ocasionales, suman alrededor de 2500 entradas diarias al website. De todo, pero todo, el mundo. Tampoco son pocos. La prepotencia de trabajo pudo más que los escollos. La voluntad de proveer a la colectividad ucraniana hispano parlante de una herramienta informativa y de comunicación hizo que las trabas se fueran desmoronando. Esos dos pibes que tenían una idea me ofrecieron la posibilidad de escribir en el sitio. Amo escribir. Y nunca se desprecia un espacio para hacerlo, si hay algo para decir. No hubo condicionamientos. Las reglas fueron claras. No hay plata. Absoluta libertad. No hay plata. Respeto por el lector y por la historia de Ucrania. No hay plata. Ganas de aportar ganas. A trabajar. Siempre sostuve con total convicción que los premios y reconocimientos que pudiera recibir a lo largo de mi vida no me resultarían importantes. También con los años me di cuenta de que guardo con especial cuidado todos los que recibí, desde aquella medalla que me dieron en primer grado. Asumo sin vergüenza que ese supuesto desinterés sucumbe bajo el peso de la evidencia, que denuncia a los cuatro vientos que mi ego y yo nos alegramos con cada caricia, ya sea en forma de diploma, medalla, flores o plaqueta (siempre y cuando no diga R.I.P). Confieso entonces que haber recibido de manos del embajador de Ucrania Oleksandr Nykonenko una distinción por mi aporte a la “popularización del acervo cultural ucranio”, en ocasión del festejo de los 15 años de la independencia, será una marca en mi historia. Pero estoy seguro que también lo será en la de www.ucrania.com. Esa idea que dos pibes paseaban sin éxito por ahí creció, se multiplicó y empuja su techo hacia arriba. Tomar en cuenta las palabras con que el embajador Nykonenko acompañó la entrega del diploma, en el sentido de destacar la importancia que el sitio adquirió como vehículo informativo y de comunicación y difusión no hace más que potenciar la energía con que trabajamos cada uno de los que integramos el staff del www.ucrania.com. Detrás de esa pantalla que lleva a más de 2500 personas por día un resumen de noticias, una reseña de las actividades de la colectividad y la posibilidad de reencontrarse con parientes lejanos, entre otras cosas, hay un conjunto de gente que día a día traduce, redacta, corrige y sube los textos a la web. Puede que suene a frase estudiada para la entrega de los Martín Fierro, pero aunque el diploma me lo quede yo, debo señalar que si no hubiese existido el sitio, quizás nunca lo hubiera recibido. Y está claro que no inventamos nada nuevo. Somos tributarios de cada uno de los diarios que se editaron en el seno de la colectividad. De cada uno de los programas radiales que se emitieron y emiten. Sólo que en un medio cuyo poder y velocidad de dispersión es inimaginable. Pero esa marca que me deja también está relacionada con mi pasado. Pienso en mis padres Wiera y Basilio, en tanta gente cuya vida fue la colectividad. Se me ocurren nombres y apellidos. No habría manera de detener el listado. Nombrar a algunos sería tan injusto como dejar de hacerlo, pero seguramente me ganaría algunas caras largas en forma gratuita. Pienso en esas señoras que marcaron récords en el repulgue de varénykes, que fregaron una y mil veces salones cuyo lujo era tenerlas a ellas allí. Pienso en las mujeres que cosieron y bordaron mil camisas para los ballets, coros o simplemente para que un chico se apropie de los versos de algún poeta ucranio. No puedo evitar que se me vengan a la cabeza todos esos maestros sin título que nos entregaron más de lo que sabían. Nos transmitieron lo que sentían. Esos profesores de canto y baile que le dieron vida a escenarios en los que el falso pudor por una voz desafinada o una mano mal puesta no tenía lugar.

No se equivoca el embajador Nykonenko al aclarar que “no es posible distinguir a todos de una vez”. Algunos, de hecho, ya no están. Pero sí creo que es tarea de cada uno de los que recibimos esa distinción, entender que no es sólo para nosotros. Que en nosotros están todos esos anónimos. Para mí, como para www.ucrania.com, es un orgullo enorme ser vistos por la representación diplomática de Ucrania como “popularizadores del acervo cultural ucranio”. Es una idea que se le ocurrió a un par de pibes amigos. Valió la pena pelearla. Vale la pena seguirla.

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