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may 2

Publicado por: Redacción
martes, 02 de mayo de 2006

“El problema de Chornóbyl existe, y sigue siendo muy serio. Quizás haya que pensar que fue el precio que debimos pagar por nuestra independencia”. El embajador de Ucrania en Argentina, Oleksandr Nykonenko, fue categórico al referirse a las consecuencias de la explosión del reactor número cuatro de la central nuclear de Chornóbyl, el 26 de Abril de 1986. Durante una mesa redonda realizada el domingo en la catedral católica ucrania Virgen del Patrocinio, Nykonenko propuso no reducir su intervención a una declamación de cifras, y prefirió hacer hincapié en “las secuelas sicológicas sensibles a las consecuencias físicas”. El diplomático aseguró que al momento de la tragedia “el sistema no estaba interesado en difundirla”, lo que dificultó el auxilio de las víctimas. “El pueblo se salvaba por sí mismo”, aseveró, al tiempo que denunció que “se hizo poco por salvaguardarlo”. Las enormes migraciones internas y el descubrimiento de que las autoridades le mentían a la gente, también provocaron, según Nykonenko, “una tragedia sicológica de la que nadie habla”. Para el funcionario la independencia de Ucrania significó la posibilidad de pedir ayuda internacional, que calificó como adecuada, fundamentalmente por parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En un tono casi coloquial, el embajador aprovechó para enumerar los padecimientos que sufrió el pueblo ucranio. Mencionó en ese sentido las dos guerras mundiales, la ocupación de casi todo el territorio nacional por parte de los nazis y las hambrunas artificiales, con especial acento en la de los años 1932 y 1933, durante la cual, dijo, “se calcula que entre siete y ocho millones de ucranios murieron”. Se permitió entonces establecer una comparación con el holocausto del pueblo judío a manos de la barbarie nazi, cuya difusión es permanente. “Pero nadie habla de Ucrania”, lamentó. Inmediatamente sugirió que “de no haber soportado tales padecimientos, Ucrania sería el país europeo con mayor población”. Por último, Nykonenko resaltó que el gobierno ucranio está “en el proceso de dominar y solucionar el problema de Chornóbyl”. Y reclamó para su país el papel de liderazgo en dicho proceso, a la vez que solicitó que el mundo se haga cargo y comprenda el accidente como una advertencia de que “la energía nuclear debe ser tratada con especial cuidado y control”. En segundo término la doctora Irene Szijan, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, expuso con didáctica claridad los efectos que el escape de radiación ocurrido hace 20 años provocó y sigue causando en la población. Con base en distintos análisis médicos realizados en la región, Szijan estableció una diferencia entre los primeros pronósticos y los resultados obtenidos en los estudios. En principio aclaró que “el principal componente en el deterioro de la salud fue una amplia gama de enfermedades no tumorales, somáticas y sicosomáticas, las cuales fueron la causa de la pérdida de la capacidad laboral y del aumento de la mortalidad”. Destacó la irradiación como la secuela más importante y señaló que “el deterioro económico produjo deficiencias de factores alimenticios indispensables”. La científica explicó el modo en que se dividió en grupos a los pobladores registrados. En primer término figuraron quienes trabajaron en la liquidación de los restos de la explosión, en un número cercano a los 230 mil. En segundo lugar, loe evacuados de la zona circundante a 30 kilómetros, que fueron unos 30 mil. A continuación se ubicó a quienes residen en zonas contaminadas, que contabilizan el millón y medio. Y por último, los 430 mil hijos que nacieron de madres que vivían en las zonas de riesgo. Un pormenorizado listado que incluye el cáncer de tiroides, la leucemia, las alteraciones genéticas, las enfermedades agudas por irradiación, las oculares las no tumorales, fue desgranado por Szijan, quien resaltó el papel de los trastornos neuropsiquiátricos. Un capítulo aparte comprende la situación de los niños. Según la investigadora en dicho segmento poblacional “hubo un aumento de tendencia a enfermarse, al bajo peso corporal, a la disminución de altura y desarrollo, a las alteraciones cromosómicas y de las funciones inmunológicas, así como también una desarmonía en el desarrollo intelectual”. Szijan culminó su intervención haciendo hincapié en la necesidad de un monitoreo eficiente, la implementación de un tratamiento adecuado y la investigación constante se imponen como condición “para mejorar la situación sanitaria y la salud de la población”. La designación de Jorge Iwanyk como presentador y moderador del panel le agregó elementos de utilidad al encuentro, en tanto que a partir de sus conocimientos ilustró en un lenguaje llano acerca de algunas cuestiones de carácter técnico. El testimonio de Ludmila Panasietska (el detalle de su periplo fue publicado en Diario Perfil del 23 de abril de 2006), quien vivía en Prypiat en el momento del estallido, y cuyo marido fue liquidador de la planta, cerró el encuentro. El único de tales características organizado y llevado a cabo en el ámbito de la colectividad ucraniana de Buenos Aires. Eduardo Slusarczuk (eoslusarczuk@ciudad.com.ar)

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