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Publicado por:
Redacción
jueves, 26 de enero de 2006
Se celebra el 6 de enero según el calendario gregoriano y el 19 de enero en el juliano, la Iglesia en Ucrania celebra el Bautismo de Jesús y la Teofanía (manifestación de la Santísima Trinidad) y no, la fiesta de los Tres Reyes Magos, como en la Iglesia Romana o Latina. Esta fiesta se llama también “La Iluminación” (prosvischénia), porque en este día los catecúmenos eran bautizados.
La celebración de la Teofanía, conmemora el bautismo de Jesús y el misterio de la Santísima Trinidad, una de las más grandes y más profundas verdades de nuestra fe: Dios es uno en Tres Personas. Por primera vez en la historia, Dios se reveló como Trinidad.
El término “bautismo” deriva de la palabra griega “baptó”, que significa “sumergir”, y justamente en el bautismo nos sumergimos en la muerte de Cristo, para resucitar con el.
Por el bautismo somos incorporados a Cristo, pasamos a formar parte de su cuerpo, a vivir en El y El en nosotros; pero también compartimos sus sufrimientos y la muerte. Ser bautizados es vivir un doloroso combate.
Es común que hablemos de nuestro bautismo como el logro de una meta, como "llegar a casa". Y así es. Pero es un error pensar que esto significa que podemos sacarnos los zapatos y tirarnos en el sofá celestial, con el control remoto. Por el contrario, el bautismo en Cristo trae el sufrimiento, no la comodidad. Porque el bautismo en Cristo es sumergirse en su muerte. Es por eso que San Pablo les dice a los romanos que seremos "coherederos con Cristo, siempre que suframos con El para que también seamos glorificados con El”, (Romanos 8, 17). Y de esta manera, la fe cristiana nos enseña a esperar una "dura lucha y sufrimiento" y no un paseo por la vida. Pero también nos enseña a esperar que nuestra aceptación del sufrimiento de Cristo, sea nuestro camino a la gloria, a la paz y felicidad que Cristo nos regala.
Al ser bautizados, somos bautizados en la muerte de Cristo. Y la muerte duele, pero esta lucha dolorosa contra el pecado, no es tan terrible como podría parecernos. Muy pocos Cristianos hoy en día deben soportar el martirio (aunque muchos queden sorprendidos, el siglo 20 y no el 3ro., fue el gran siglo del martirio cristiano). Pero aún en ese siglo tan sangriento, solo una minoría de los miembros de la Iglesia vertió su sangre por Cristo. Sin embargo, esto no significa que el martirio es algo que no debamos enfrentar: sí, lo enfrentaremos y con frecuencia un martirio blanco, sin derramamiento de sangre, pero tan o mas doloroso que el primero. Es el martirio de ser verdaderos y coherentes cristianos, en una sociedad que rechaza a Dios, se burla de los cristianos, a veces solapados bajo la libertad de expresión, del arte, etc. Una sociedad sumergida en la cultura de la muerte, donde Dios y la Iglesia sobran, molestan.
Aprovechemos esta gran ocasión para creer y amar más a la Santísima Trinidad y renovar nuestro bautismo, que nos incorpora a Cristo, nos hace hijos de Dios, lava el pecado original y nos sumerge en la muerte y resurrección de Jesucristo. ¡No tengamos miedo de sufrir por Cristo para gozar de su gloria!
Escribe Presbítero José Hazuda
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