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jul 22

Publicado por: Redacción
viernes, 22 de julio de 2005

Nadie podrá desentrañar jamás el enigma del nacimiento casi simultáneo de la Asociación Ucrania Renacimiento y de Bohdan Kowal. No existe hasta hoy quien haya indagado en profundidad. Pero lo cierto es que no pudo ser solo obra de la casualidad que el 26 de febrero de 1933, poco antes de que comenzara a dar sus primeros pasos la que hoy es Vidrodzenia, naciera quien se convertiría en uno de sus miembros más representativos. Es verdad que mientras la institución veía la luz en el Once porteño, el bebé lo hacía en Berisso. Pero una vez más la no casualidad hizo de las suyas. Antes que terminara el año, en la ciudad natal de Kowal se fundaba la primer filial de Vidrodzenia. Y desde entonces el vínculo no haría más que estrecharse. Bohdan pasó infancia y adolescencia en calles que mezclaban idiomas tan distintos en sus sonidos como similares en sus objetivos de compartir el sueño de una vida sin guerras ni persecuciones. La conscripción le marcó un nuevo destino. Radicado en Lanús emprendió sus estudios de Derecho y participó en la fundación de la SAUS (Unión de Estudiantes Argentino-Ucranios), en 1953. Tiempos difíciles para Ucrania, y una febril actividad de la colectividad en la Argentina. Su primer cargo en la UCR (Representación Central Ucrania) llegó cuando tenía 27. Ya por entonces el aroma de su pipa denunciaba su presencia. Durante el Quinto Congreso de la UCR fue elegido secretario de la organización, y desde entonces su asistencia en las comisiones sería casi perfecta. “Tenía la virtud de poner el freno en el momento preciso y reflexionar antes de tomar una decisión”, cuenta su esposa Alejandra. Sin embargo, la evidencia de algunos datos indica que al menos una vez en su vida la intuición fue más fuerte que la razón. Y no se equivocó. El porte elegante, el aire enigmático en que lo envolvía el humo que exhalaba y sus dotes de bailarín fueron armas ante las que Alejandra no tuvo defensa posible. Apenas cuatro meses y medio de noviazgo fueron suficientes para garantizar 40 años de amor, compañerismo y complicidad. Hubo fiesta, y como no podía ser de otra manera, fue en Vidrodzenia. De Lanús a Longchamps, de nuevo a Lanús y de ahí a Congreso, sus cambios de domicilio nunca la hicieron abandonar su amor por Estudiantes de la Plata. Bohdan acumulaba responsabilidades, conocimiento y alguna angustia. Pero la fe y la esperanza tienen premio. Y el sabor del tabaco le supo más dulce al menos dos veces en la vida. Néstor llegó primero, el 9 de marzo del ’71. La reincidente no casualidad le hizo compartir fecha de nacimiento con el gran Taras Shevchenko, y también su inclinación por el arte. Claro que en el siglo XIX no existía el rock, y a Bohdan no le quedó más remedio que ver a su hijo rockear con una guitarra al hombro. Adriana llegó un poco después. Conoció las patillas de su papá el 28 de febrero del ’75 y tomó la posta de la carrera que por esas cosas de la vida Bohdan no pudo terminar. “Fueron los momentos más importantes de su vida”, confiesa Alejandra, que mucho tuvo que ver para que sucedieran. Las noches interminables de actos en lo tenían como locutor estable, y más de uno lo comparaba con alguna voz de moda de la radio o la tele. Mientras tanto las sillas de Vidrodzenia se convertían en improvisadas camas para Néstor y Adriana. Y el humo siempre como fiel compañía. Presidente del Comité de Padres de Alumnos de la Rida Shkola que funcionaba en la Catedral Católica Ucrania, representante de la Organización de Ucranios Nacionalistas, referente en el país del periódico Ukrainske Slovo (La Palabra Ucrania), de Ucrania, fundador y titular de la Federación de Colectividades Extranjeras en la Argentina, Bohdan accedió a la presidencia de la UCR en 1986. Tiempo después integraría una comisión cuyo objeto fue brindar ayuda a los nuevos inmigrantes, al tiempo que una tupida barba asemejaba su imagen a la de algún escritor célebre. Junto a su esposa Alejandra, fueron los primeros miembros de la UCR que viajaron a Ucrania en las postrimerías de la disolución del bloque soviético. “Para él fue lo máximo, después del nacimiento de sus hijos”, recuerda su mujer. Su siguiente visita sería a la Ucrania independiente por la que siempre había peleado, como tantos otros nacidos allá o acá, sin distinción. Cargos y más cargos, algo más de tres años atrás al “hombre de la pipa” le tocó ocupar el de abuelo de Juana, hija de Néstor, y lo asumió con tanta o más pasión que todos los anteriores. La madrugada del 26 de junio se despertó con algún malestar. Tuvo fuerzas para llamar a su compañera de la vida. Esta vez no tuvo tiempo para ponerle freno a lo que pasaba. Solo alcanzó a elegir en qué brazos despedirse. Los de siempre. Por Eduardo Slusarczuk

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