Hago mía las palabras del Padre Dr. Luis Glinka(1) cuando nos enseña que “De todas las nacionalidades que forman la inmigración europea hacia la República Argentina, la ucrania es quizás la única que no figura en el Registro Nacional de Inmigración. Es que. en vísperas de la segunda mitad del siglo XIX, Ucrania había perdido su independencia, y la recuperó recién en la última década del siglo XX; por lo tanto, los ucranios que emigraban en esa época de su país lo hacían provistos de pasaportes austro-húngaros. rusos o polacos, y su nacionalidad fue contundida con la ciudadanía que figuraba en los pasaportes. Solamente con respecto a la confesión religiosa, ésta figuraba correctamente en sus certificados de nacimiento y bautismo; podía ser católica (denominada greco-católica), ortodoxa o evangelista bautista. El clero católico argentino, y especialmente sus autoridades eclesiásticas, se encontraron con que la mayoría de los inmigrantes ucranios de aquella época, aunque se declaraban católicos, obedientes a la sede de San Pedro, practicaban un rito religioso diferente, basado en la espiritualidad, tradiciones y cultura bizantina y ucrania”.