Vecinos, amigos, parientes lejanos, hermanos, madres y padres. Todos, algunos o ninguno quedaron en el puerto con la mano en alto. Pero todos viajaron con el inmigrante. Todos vivieron con él para siempre. En los sueños, en la memoria, en el deseo del regreso. En algún lugar que hizo menos hostil ese no lugar al que legaban.
“Polaco”, “ruso”, “gringo”. No, ucraniano. Más, o menos, según el momento del recuerdo y su situación en su nueva casa. Y claro que hay ratos para la risa, por más postergada y mordida entre los dientes que esté. Hay ratos para la risa. Y el inmigrante sabe reírse. ¿Cómo no va a saber reírse después de tanto no hacerlo?
DICE EL INMIGRANTE
(Leon Gieco)
En “7 Años” (1978)
Guarda la risa entre los dientes
marcha del sur para el este
lleva la sombra que sostiene
todo el peso de la gente que mas quiere
Lleva incertidumbre
y la risa postergada
lleva un libro, eso es bastante
dice el inmigrante
Lleva la cruz del marginado
lleva otro idioma
lleva su familia, eso es bastante
dice el inmigrante
Lleva en sus ojos toda la mezcla
de la rabia, de la duda y la tristeza
tiene que pagar con el olvido
lágrima de puerto y de destierro