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Sunday, July 20, 2008
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Jorge Balanda, presidente de la Representación Central Ucrania de la República Argentina

Periodista y dirigente de la comunidad ucrania, el misionero admite que su mandato es “producto de la crisis” de la entidad representativa de los ucranios en el país. Lejos de resignarse, plantea los desafíos e incita al debate.

 

Entrevista Exclusiva Jorge Balanda, presidente de la Representación Central Ucrania de la República Argentina.

 

 

 

 

 

Periodista y dirigente de la comunidad ucrania, el misionero admite que su mandato es “producto de la crisis” de la entidad representativa de los ucranios en el país. Lejos de resignarse, plantea los desafíos e incita al debate. Por Eduardo Slusarczuk

La persona

Si fuera necesario jerarquizar las pasiones que le ponen combustible a la vida de Jorge Balanda, más allá de su familia y sus afectos más cercanos, no cabe duda que la causa ucrania y la comunicación compartirían un lugar de privilegio. La iglesia frente a su casa, las hermanas basilianas y el padre Jorge Hmelnyczyn primero. El grupo de danza del centro parroquial y la hermana Rafaela un poco después, le marcaron a fuego la cultura de sus antepasados, que alguna vez llegaron a Misiones y que fundieron su sangre con la tierra en su solo color. Épocas de servicio militar obligatorio lo llevaron a Buenos Aires. Allí frecuentó los ensayos del ballet folclórico ucranio Krylaty, de cuyo estilo quedó “prendido”. A poco de regresar a su provincia se hizo cargo de la dirección del ballet Barvinok, de Oberá, y más tarde del ballet de Posadas. Además se sumó a la comisión de la Asociación Cultural Ucraniana 27 de Agosto. El camino tenía una sola dirección y ya no hubo retorno. Nunca le resultó esquiva la facilidad para la palabra. Apenas se presentó la oportunidad, se instaló en un estudio de radio acompañado con cuatro discos y un libro de la historia de Ucrania en la añeja versión de Doroshenko. La información sobre las actividades de la colectividad y la música ucraniana eran los ejes del programa, que duró más de 20 años. El de la radio sería un mundo del que tampoco salió. A cargo del área informativa de Canal 12, de Posadas, Balanda no desaprovechó la posibilidad de abrir surcos para favorecer la difusión de lo ucraniano. “Yo le doy una gran importancia a los medios. Por eso creo que no hay que venderles varenykes solamente a los ucranianos. Así como dimos a conocer nuestras danzas, que gustan muchísimo, la cultura ucraniana tiene un abanico tan grande que merece ser exhibido. En ese sentido los medios son de enorme utilidad”. Periodista y dirigente, en 1993, después de alguna charla con el embajador ucraniano en Argentina, consiguió apoyo financiero y se fue con un camarógrafo a Ucrania. Recorrió todo el país, sobre todo la región de donde partieron los inmigrantes que se afincaron en Misiones, y produjo cuatro programas especiales de una hora. Balanda asegura que la mejor recompensa fue la satisfacción que le dio mostrar Ucrania por primera vez a algunos inmigrantes y a sus hijos, más allá de las imágenes contadas por aquellos, detenidas en el pasado. Algunos canales de varias provincias y el Siete se interesaron en el material, que también fue proyectado en distintas asociaciones de la colectividad. Su productor resume su sentimiento: “Creo que fue, después del nacimiento de mis hijos, la experiencia más linda de mi vida. Además de haber fortalecido mi compromiso con la causa ucrania”. A los 46 años, y casi sin proponérselo, aquel joven colimba que intentaba ser bailarín, fue elegido para presidir la RCU (Representación Central Ucrania de la República Argentina). Aún no está claro por cuánto tiempo estará al frente de la organización que nuclea a todas las instituciones que conforman la colectividad ucrania en la Argentina. Sin embargo, durante la charla con Ucrania.com no dejó tema sin abordar, ni propuestas sin plantear. Vale la pena conocerlas.

¿Cuál fue recibida su elección en su provincia, teniendo en cuenta que, de alguna manera, el centro de las decisiones de la RCU se traslada, por primera vez, a 1200 Km. de la capital?

Tengo la sensación de que las entidades afiliadas, que por ahora son tres (Colectividad Ucraniana de Oberá, el Club Atlético Ucraniano de Apóstoles, y la 27 de Agosto, más la de Alem, que aun no tiene personería) lo recibieron con beneplácito, más allá de mi persona. Misiones es la cuna de la inmigración ucraniana, y allí las entidades, si bien tienen problemas como todas, poseen un capital social muy importante. Hay cuerpos de baile en todas ellas, hay actividad social y cultural. A lo mejor no en la medida de lo deseado, pero la actividad es permanente. Y con el tiempo la sociedad misionera ha entendido perfectamente la importancia que tienen los ucranios en la provincia.

¿No es llamativo que sea la primera vez que un misionero ocupa el cargo, si uno analiza la cantidad de inmigrantes ucranios que llegaron a la provincia y la presencia que tiene la colectividad allí?

Sí, pero yo creo que existen varios factores para que se haya dado así. Hubo cierta falta de interés tanto de parte de los “porteños” como de los misioneros en promover un trabajo en conjunto. Pero además, nuestra colectividad es heterogénea. Venimos del mismo lugar, pero en distintos tiempos. La inmigración de Misiones tiene más de 100 años, La de Buenos Aires tiene entre 70 y 50. Y esa diferencia es importante. A Misiones llegaron agricultores, en tiempos muy difíciles, y fueron a trabajar a la chacra. En cambio quienes llegaron a la capital, que en algunos casos se encontraron con familiares que ya vivían aquí, tuvieron otras vivencias. Fue diferente. Ni mejor ni peor. Creo que la del Chaco, aunque es una corriente posterior a la primera guerra, se asemeja a la de Misiones. ¿De qué manera se establecieron los contactos que abrieron el diálogo más fluido entre las asociaciones de Misiones y las de Buenos Aires?

Durante la etapa inicial tengo que destacar a Ihor Wasylyk como uno de los que motorizaron el vínculo. Cuando empezamos con los movimientos juveniles, el grupo que formaba junto con Román Nazaryk, Yurko Danylyszyn y otros, nos ayudó mucho. Fueron a la provincia varias veces, dieron charlas y nos pusieron al tanto de lo que era la Representación Central de los ucranios en la Argentina. Comenzamos a conocernos, a mandar delegados a los congresos, en carácter de oyentes los primeros, hasta que en algún momento se reformó el estatuto y durante la gestión de Jorge Iwanyk se les dió a las provincias las vicepresidencias. Fue entonces cuando, con el apoyo de las otras entidades de la provincia, quedé como vicepresidente de la Representación. El resto es historia conocida.

El rol

¿Cuál es el dato más actualizado que registre la presencia de ucranianos y descendientes en Argentina?

En verdad estamos tratando de hacer un registro. Desde hace más de 20 años venimos barajando una cifra que va de los 200 a los 300 mil. Pero no existe una base científica que sustente el dato. Si empezamos a contar la cantidad de entidades (solamente entre iglesias, parroquias y sedes católicas, suman más de 50), o si uno empieza a mirar en la guía, las referencias de apellidos con raíz ucrania se multiplican. Pero hay que separar bien. Hay muchas familias con origen en Ucrania, pero las que militan dentro de la colectividad, forman otro grupo. Y hay un tercer segmento, que no milita, pero se identifica. Es un grupo grande, que aumentó a partir de la declaración de la independencia.

¿Por qué?

Porque hubo gente que se reconoció como tal, que antes no tenía un patrón jurídico. Además, el mismo hecho de que la bandera de Ucrania tuviera una hoz y un martillo, símbolo que durante los ’70 era mala palabra, hacía que más de uno se desentendiera de su procedencia.

¿En ese marco, cuál es el rol del presidente de la organización que se atribuye, en cierto modo, la representación de los ucranios en el país, más allá de la agenda diplomática, que cubre la embajada?

Como costumbre, la RCU es una entidad de segundo grado, que reúne a todas las instituciones, y que debería coordinar sus actividades. Pero en este plano es importante el tema del rol. Nosotros, durante 80 años, reclamamos la libertad de la Madre Patria. Ese era nuestro gran objetivo. En el ’91 se terminó el reclamo. Ganamos lo que nuestros padres y abuelos pidieron. Creo que hasta entonces la colectividad tenía su norte, marcado con precisión. Si obraron bien o mal, lo dirá la historia. Yo creo que hicieron un gran esfuerzo y que obtuvieron numerosos logros. La materia pendiente que tenemos nace en 1991 con la independencia. Cuál es el rol de la colectividad en la Argentina. Qué debemos hacer los ucranianos en el país. Qué deben hacer las entidades. Personalmente creo que en primer lugar hay que fortalecer las instituciones que tenemos. Y trabajar, fundamentalmente, en el aspecto cultural, porque los tiempos políticos ya fueron.

¿Con qué se encontró al asumir? ¿Con una base sólida o sólo con un sello?

Ante todo tengo claro que soy un presidente producto de la crisis. Nosotros venimos intentando discutir desde hace muchos años el rol del que hablaba. Se demora el debate, y estamos en crisis. Y para que no se entienda mal, digo que todos estamos en crisis. En Misiones, Buenos Aires, Córdoba, Chaco y donde sea. En todos lados.

Bien, a partir de ese sintético diagnóstico, ¿cómo se debería trabajar? ¿Con qué recursos humanos y materiales se cuenta?

Yo opino que las crisis, como se suele decir, siempre brindan oportunidades. Hay mucha gente que está fuera de las estructuras, que tendría que incorporarse para poder, con la que está adentro, debatir este nuevo rol. Porque yo puedo tener mi postura y alguno puede aparecer con otra historia. De lo que estoy seguro es que con lo que tenemos no alcanza. Hace falta más. Hace falta que se incorporen los jóvenes, los profesionales. Es muy fácil “cascotear” de afuera sin asumir el compromiso. Todos debemos comprender que estamos en crisis, sumar y tratar de elaborar un perfil. Le está ocurriendo lo mismo a los hermanos brasileros y a la diáspora en general. No es algo exclusivamente nuestro.

Ha habido una sangría de gente y de capital.

Exactamente. Por eso el rediseño de la colectividad es necesario. Y hay que discutirlo. No hay que tener miedo. El temor al disenso es el problema más grave.

¿La dirigencia acusa recibo de esa necesidad? ¿Hay coincidencia y conciencia de esa necesidad de cambio?

Yo encuentro un espíritu que quiere construir. Pero me parece que hace falta más. No podemos construir sólo con los que estamos. Tenemos que abrir el juego.

¿Cómo piensa que se puede reincorporar esa gente que se fue porque se cansó de la falta de un debate profundo o de repetidas frustraciones?

Primero hay que reconocer que hay gente que se fue, pero hay gente que se quedó a pesar de todo. Por eso decía lo del cascoteo. Debemos entender que las nuestras son entidades a las que uno concurre porque tiene convicciones, afecto y amor por lo ucraniano. Eso a veces trae algunos disgustos. La situación en Misiones también ha conocido de posturas encontradas. Pero si todos tomamos la misma actitud de irnos por estar cansados, vamos mal. Tenemos que poner esa cuotita de sacrificio que nos exige este tiempo. Yo creo que se puede abrir la discusión. No hay que tenerle miedo. Y en el caso de que alguna postura prime sobre la otra, hay que respetar. Aprender esto no es fácil para los ucranianos. Decir “me ganaron, y me ganaron bien”.

Y que no se mezcle con lo personal.

Hay que superar la barrera de lo personal. Y bajar el temperamento a la hora de admitir que la postura del otro tuvo más peso.

¿Tiene alguna estrategia en mente para estimular esa acción en esa dirección?

Una de las tareas primordiales para todas las instituciones es prepararlas para las próximas generaciones. A mi me encanta el ballet, pero a lo mejor hay chicos de 14 años que quieren navegar por páginas Web ucranianas, o algo así, cuando está dentro de la entidad. Entonces tengo que ir comprando la computadora, porque sino ese chico no viene más. La realidad es que no sé lo que quiere hasta que no se lo pregunto. Entonces quiero preguntárselo. Yo había planteado para el mes de julio un encuentro de jóvenes. Alguna dirigencia no acompañó el proyecto. Creyó oportuno trasladarlo hacia más adelante. Yo creo que es una materia urgente. De hecho nosotros planteamos esto en el congreso que hicimos con los brasileros y los paraguayos en Foz de Iguazú. Los brasileros ya lo hicieron y van a traer las conclusiones para el encuentro de octubre, que se realizará en Oberá.

Quiere decir que vamos atrasados.

Es lo de menos. Lo esencial es que se haga. Si demoramos un par de meses, pero logramos el entendimiento para que se haga, y lo comprendan, no me importa mi postura personal. Lo que me interesa es que tenga difusión, y por ahí, de abajo hacia arriba aparece la demanda. Es primordial preguntar a los jóvenes qué quieren hacer con las instituciones y comprometerlos con ellas.

¿Y después?

Lo peor que puede pasar es que uno los convoque para discutir y después no se los escuche. Yo no estoy de acuerdo con aquello de que hay que cambiar todo. Hay que ir con paso tranquilo, pero firme. Eso de tirar viejos por la ventana no es una frase que se aplique. Hay que buscar la gente con experiencia. Hay que buscar la gente de mediana edad. Pero hay que prestar especial atención a los jóvenes, que vienen con un empuje bárbaro.

Que lo pierden a medida que van creciendo.

Exacto. Pero hay que subir por la escalera, no por el ascensor.

Ya en la entrevista que hicimos con el embajador, él sostenía también que se acabaron los tiempos políticos, y que hoy estamos en un tiempo más vinculado con lo cultural. Se acabaron ciertas cuestiones ideológicas, al menos en lo que respecta a Ucrania. Sin embargo, a las dos asociaciones más importantes que construyeron la historia de la colectividad, les cuesta renunciar a una rivalidad añeja, que se sustentó en razones políticas. ¿Tiene sentido su existencia en esos términos, frente a la realidad actual?

Yo creo que las cuestiones políticas ya no se manifiestan en el sentido que lo hacían unos años atrás.

¿Pero no son esas posturas las que impiden promover un trabajo más conjunto?

Personalmente hoy encuentro, puntualmente en Prosvita y Renacimiento, un nivel de entendimiento que me asombra. Yo conocí otras épocas, donde las posturas no sé si eran irreconciliables, pero estaban muy cerca de serlo. Ahora veo que hay un entendimiento. Se han aggiornado. Han pasado a ser entidades culturales. Y por lo demás, creo que a lo mejor pedimos cambios más rápidos que lo que es posible. Nosotros le exigimos a Ucrania, del ’91 para adelante, reformas económicas, jurídicas y de todo tipo. Y el otro día bien decía el embajador que en 10 años le han pedido que cambien 80 años de historia. Lo mismo creo que le cabe a la colectividad. Estamos pidiendo cambios que no son fáciles. Estábamos acostumbrados a ir en enero a recordar la independencia de Ucrania. Nosotros este año la festejamos. Pero en realidad, ahora, hasta la fecha de celebración se modificó y pasó al 24 de agosto.

Los tiempos son otros.

Sí, pero hay que entender y comprender que muchísima gente durante tres o cuatro décadas, en el mes de enero tenía grabado en su corazón esa fecha. Entonces de un día para otro querer cambiarlo puede ser traumático.

Los viejos y los nuevos, los unos y los otros

Esta apertura a la incorporación de gente que está por afuera de la estructura de la que hablamos. ¿Incluye la posibilidad de acercar a quienes llegaron con la última inmigración?

Por lo que conversé con muchos de ellos, aquí, en Chaco, en Misiones, me da la impresión de que son contados los que se suman. Tendríamos que analizar este fenómeno de que en muy pocas entidades, en el mundo, se estén incorporando. En algunos casos ya están fundando otras –tengo entendido que esto está sucediendo en Estados Unidos— pero no se incorporan a las viejas.

Es posible que haya un choque de tipo cultural. Ellos vienen de una cultura diferente a la nuestra.

Están educados de otra manera.

De acuerdo, pero existe interés de parte de las instituciones de darles un lugar.

Yo creo que no hay objeciones. Porque es un material de consulta personal. No tenemos que ir a un libro. No tenemos que recurrir a un erudito para hacer una presentación. Es un material humano que yo creo indispensable. Sin embargo he visto algunos casos en los que la experiencia resultó mal. Por ahí, a partir de esos antecedentes algunos son remisos. Pero no creo que haya resistencia por recibirlos. Más bien pienso que hay un temor de parte de los nuevos inmigrantes –temor infundado, porque sé de instituciones que les abrieron las puertas--.

¿Qué pasa con el ucraniano que cuando llega habla en ruso, porque es lo que aprendió allá?

Hay que respetarlo. La culpa no es suya, sino de un sistema que lo llevó a eso.

¿Usted cree que esa es la actitud habitual?

No. Yo creo que hay reacción. Y que también debemos comprenderla. Esa persona que estaba acostumbrada a festejar el 22 de enero, que vino durante la posguerra y que tuvo que salir corriendo de su aldea porque lo iban a buscar, llegó aquí y vivió impregnada de todo su nacionalismo, cuidando su lengua. Si de pronto se encuentra con un hermano que habla en el idioma que justamente menos quiere, el choque es muy violento. La responsabilidad de entender esta historia recae en la nueva generación, segunda o tercera de ucranianos argentinos. Es necesario entender a nuestros mayores e ir convenciéndolos, de a poco.

En la charla con Nykonenko tocamos el tema de las asociaciones ruso-ucranianas, y él me decía que esa caracterización en algún momento se va a tener que cortar. La realidad señala que muchos de sus integrantes también son ucranianos, y que ya no existen esas barreras ideológicas que los separaban de la colectividad que representa la RCU. ¿Cuál es su mirada como presidente de la RCU sobre ese tema?

La RCU se armó en base a las entidades que compartían una causa: la libertad de Ucrania, lejos del régimen.

El régimen terminó.

Es verdad. Pero hay que ver si ellos no siguen sosteniendo lo mismo que en otros tiempos. Si esa persona sigue pensando de la misma manera, no tenemos los mismos objetivos. Más allá de lo que elija el pueblo ucranio, si mañana elige un gobierno socialista, yo voy a seguir respetando la decisión. Es la voluntad de los ucranianos. Siempre y cuando sea democrático e independiente. Ese es el espíritu. Tenemos que ser muy cuidadosos con este tema, porque yo creo que no es aconsejable meter todo en una misma bolsa. Se siguió un rumbo durante tantos años, que yo creo que no vale la pena torcer.

¿Pero es función del presidente de la RCU averiguar si esa gente sigue pensando lo mismo, testear qué es lo que está pasando por afuera de la colectividad?

Primero prefiero preocuparme por lo que tenemos y reconstruir en base a lo que tenemos, en base a lo que está disperso y que fue nuestro y en base a lo que está disperso y se considera nuestro. En medio de esta crisis agregar otro problema no sería conveniente. En todo caso, primero fortalezcamos lo que tenemos. Eso por lo que luchamos tantos años. Una vez que tengamos definido el perfil, sería oportuno hablar, conversar.

En cierta manera difundir la mirada propia.

Exactamente. Yo creo que hoy mucha gente se dio cuenta. Sostengo y en muchos casos tengo pruebas fehacientes que hay gente que fue sorprendida en su buena fe, o que estuvo presa de alguna extorsión, por la familia que tenía en Ucrania. Conozco algunos casos de gente que militaba en determinadas instituciones porque eso le posibilitaba viajar a Ucrania, a visitar a sus parientes. Es una película que hemos visto muchísimas veces. Había que participar en determinado club, participar en determinadas funciones. Estaban presos. No lo justifico, de ninguna manera, pero es la realidad. Sucedió.

 

Las relaciones

¿Cómo es la relación con el embajador y la embajada de Ucrania?

En el caso puntual de Oleksandr Nykonenko, mi relación personal es muy buena. Lo tuvimos antes, cuando se abrió la sede diplomática, de modo que hay un conocimiento personal. En verdad con todos los embajadores hubo una buena relación. Pero hay una deuda del Estado ucraniano para con la diáspora. Hay una deuda moral. La diáspora hizo mucho para que la palabra Ucrania exista y tenga presencia en el mundo. Para que la bandera fuera izada miles de veces en el mundo entero. Obviamente eso también ocurrió en Argentina. Ucrania se conoció a través de su folclore, su comida, en fiestas, actos oficiales. Pero no existía como nación, en los términos que nosotros reclamábamos que fuera reconocida.

Y usted entiende que esa labor no fue ponderada como corresponde.

He escuchado algunas cosas del presidente Yuschenko y del anterior, Kuchma, pero no es suficiente. Y particularmente me duele que en la primera lista de países que van a tener su casa de Cultura no aparezca la Argentina. Me duele porque la Argentina fue uno de los primeros países que reconoció a Ucrania independiente, y no precisamente porque el mandatario argentino de entonces tuviese un cabal conocimiento de lo que era Ucrania y de la situación que atravesaba la URSS. Sino porque la colectividad ucrania de la Argentina hizo las presentaciones pertinentes, porque influyó con sus dirigentes, porque se movió. A lo mejor en Ucrania pueden decir que Argentina no es tan relevante. Pero fue uno de los primeros estados que lo hizo, y a partir de las acciones de la colectividad. Entonces creo que no han dimensionado correctamente el trabajo de la diáspora.

¿Esto lo ha conversado con el embajador?

En algún momento se lo planteé, y me consta que él ha hecho saber cuál es nuestra postura.

¿No será que priorizan sus cuestiones internas por sobre los problemas de la diáspora?

No. Yo creo que nos miran muy anecdóticamente. Nos miran como una anécdota. Hay esfuerzos personales. Un embajador puede mover algo. Paschuk lo hacía, Nykonenko también. Hay actitudes personales. El gobernador de Volynia, me mandó algunas cosas. Pero a nivel personal, o por amistades. Pero el estado nacional no demuestra demasiado interés. Cuando fuimos al forum, en 2001, no entrábamos a ningún lado. No teníamos ni acreditación ni nada. Pero creo que somos nosotros los que tenemos que movilizarnos.

Pero si la embajada abre un centro cultural, con apoyo económico y logístico oficial, trayendo material humano de Ucrania, como profesores de idioma, canto, baile. ¿No se corre el riesgo de que fagocite a la gente que asiste a las instituciones de la colectividad?

¿Y por qué no trabajar en conjunto? Quiero pensar en positivo. Quiero ver la posibilidad de que esos mismos profesionales que accedan a trabajar en la Casa de la Cultura, cuya estructura aun no conozco, puedan ser aprovechados por nosotros. Tenemos material humano, y podemos trabajar en conjunto. No hay que tenerle miedo. Por el contrario, debemos aprovechar el capital humano y profesional que puedan traer. Nos hace falta. A lo mejor estoy observando mucho la necesidad que tiene el interior. Que es mayor a la que tiene Buenos Aires.

¿Es mayor?

Si. Sobre todo la necesidad de profesionales que orienten, para mantener ciertos rasgos esenciales de nuestra tradición. Quiero que los ballets sigan bailando ucraniano, que tratemos de hablar el idioma ucraniano, pero el nuevo. Recordemos que los términos que yo puedo llegar a usar en mi medio son de mi abuela, que vino hace 106 años.

En Ucrania es común que señalen esa característica de nuestra manera de hablar.

Si. En algunas de las ocasiones que estuve allí, alguna sonrisa desperté. Me miraban como preguntándome el idioma en el que estaba hablando. Se hace imperiosa la presencia de gente con conocimiento para que nos modernicemos. Los chicos que van a Ucrania tienen que hablar el idioma que se habla allá, y quienes deban utilizarlo aquí para cuestiones que trasciendan las fronteras de la comunidad ucraniana, también.

¿La CAUCI (Cámara Argentino Ucrania de Comercio e Industria) es una entidad afiliada a la RCU? Sí, es una entidad que recientemente eligió nuevas autoridades, y es presidida ahora por el empresario misionero Jorge Néstor. Hay empresarios de primer nivel en Argentina, que son socios, y que realmente creo que deben conformarla. Obviamente con el objeto de fomentar las relaciones comerciales.

¿Qué papel puede cumplir la RCU para potenciar y beneficiar ese tipo de vínculos?

Detrás de un lazo comercial puede haber uno cultural. Detrás de un intercambio comercial podemos acudir a esas empresas para que patrocinen eventos. Nos pueden ayudar. Así como nosotros podemos facilitar esos contactos entre empresarios de ambos países. Sin meternos en los negocios, porque eso ya es una cuestión absolutamente propia de ellos, podemos contribuir y la comunidad se puede ver beneficiada. De pronto alguna empresa que tenga un negocio en Ucrania puede traer un artista, como vemos a diario que lo hacen empresas de otras nacionalidades, y esa es una manera de enriquecernos.

¿Hay algún tipo de contacto con el gobierno nacional o los gobiernos provinciales?

En el caso de Misiones tenemos una muy buena relación con el gobierno provincial. Lo mismo sucede en el Chaco. Eso pasa porque nos conocemos y es mucho más fácil. A nivel nacional creo que hay que marcar un poco más de presencia. Los ucranianos deben salir de sus instituciones y exhibirse. Podemos exhibir orgullosos nuestro patrimonio cultural, nuestro trabajo en la Argentina.

 

El continente y el contenido

Mi sensación personal es que la RCU durante mucho tiempo no fue más que una cáscara sin relleno. Pregunto si la RCU puede funcionar como un espacio para la recepción de proyectos institucionales, para avalar y respaldarlos con un apoyo efectivo y gestiones concretas.

Es que, en definitiva, ¿quiénes somos la RCU? Somos las entidades. Sólo falta que la instancia principal se encargue de funcionar. Las asociaciones de Misiones le pidieron a la RCU que avale un proyecto – sin aporte financiero - que consiste en el pedido de un material de Ucrania. La RCU dijo que sí, y auspicia ese pedido. No tenemos estructura económica, pero a partir de una gestión fortuita, personal -- algo en lo que debo reconocer la rapidez con la que actuó el embajador--, tenemos presentados unos proyectos en Ucrania, que podrían tener financiación. No es poca cosa. Pero tiene que ser para todos. Yo, si alguna entidad pretende un beneficio particular, le hago la cruz. Yo no recibiré el apoyo, pero tampoco ellos.

¿Qué tipo de proyectos son los que se han promovido?

Sobre todo culturales. Se los va a definir una vez que tengamos base cierta, pero la idea es que beneficien a todas las entidades. No son proyectos particulares de cada institución. Por ejemplo, trataremos de diseñar un solo esquema del sistema de enseñanza del idioma ucraniano; o el diccionario electrónico ucranio-castellano. Es decir, que eso se derrame en toda la colectividad. Porque sino nos vamos a pelear. Las necesidades son de todos. Pero si se abordan de manera individual no va a haber plata que alcance. Entonces, con un pequeño aporte del estado ucraniano y un pequeño aporte nuestro, vamos a formular programas que derramen sus beneficios en toda la comunidad. Tenemos el tema de los ballets. Traigamos un profesor de Ucrania, pero no sólo para un grupo, sino para todos.

O quizás para formar gente que luego vaya a todos los lugares en los que se desarrolla esa actividad.

Exactamente. Entonces no beneficiamos a 50 personas. Beneficiamos a 500 con el mismo costo. Para mi esto es central. Las entidades de Misiones están pidiendo la posibilidad de traer un maestro de baile. Precisamente para corregir algunas desviaciones. Pero traigámoslo para todos. La RCU debe trabajar para todos. Todas las entidades son iguales. Hay algunas que tienen mayor actividad, mayor cantidad de socios o hacen más esfuerzo que otras. Pero para la RCU son absolutamente todas iguales.

Supongamos una localidad en la que hay dos entidades con, como mucho 200 socios, a 15 cuadras una de la otra y con un ballet de nivel medio y no más de 20 personas cada uno. El presidente de la RCU no puede ir y plantear “Muchachos, hagan un ensayo en cada entidad sábado por medio, junten a todos y armen un grupo de 40 bailarines y con mayor calidad”.

Yo no tengo temor a la discusión y a generar el debate. Pero sé perfectamente que si lo pido, voy a dejar heridos a muchos. Porque en el medio están sus sentimientos, porque fueron quienes pusieron un ladrillo arriba del otro. Quizás el hijo me entienda. Aquí en Buenos Aires, en un par de entidades, sus dirigentes me dijeron: “Tenemos una entidad acá nomás y somos pocos en las dos, pero todavía están los fundadores y es muy difícil tomar la decisión de cambiar algo. Llevamos 80 años en una dirección y modificar todo de un día para otro es muy difícil. Es un problema. Lo más genuino, lo mejor que puede suceder, es que desde abajo comiencen a comprender. Por lo bajo se dice y hay que animarse a discutirlo. Pero de manera seria, de manera formal. Hay que hacer las cosas como corresponde, de manera jurídica, dejar escritos los compromisos. Tenemos que ser serios.

Pensaba en la posibilidad de, por ejemplo, organizar una muestra que dé testimonio del papel de los ucranios en Argentina, abierta a todo público. Nos sobra material, pero a la vez se me ocurre que quizás chocaríamos con el celo por quién la diseña, qué asociaciones participan.

Ese es el desafío. Eso está inserto en el nuevo rol que todavía no comprendemos. Nos preocupamos por lo del 22 de enero cuando deberíamos interesarnos por esas cosas. Estamos dando un paso. En agosto vamos a festejar los 15 años de la independencia en Berisso. El acto central de la RCU se hace allí. En parte porque los ucranianos no están solamente en la capital. Nosotros en Misiones lo que hicimos fue ir rotando la celebración. Un año lo hace Oberá, otro Posadas, otro Apóstoles, otro Alem. En Berisso las entidades Prosvita, Renacimiento, la iglesia católica y la ortodoxa organizan en conjunto el acto central. Como es la primera vez que se hace, supuse que iba a encontrar resistencia. Por el contrario, la propuesta fue muy bien aceptada. Los de Berisso nos dieron un ejemplo. Vinieron, trajeron el programa, aceptaron el desafío, y me parece fantástico. De esa manera obtenemos mayor posibilidad de que se difunda y que la sociedad argentina tome conocimiento de la actividad de los ucranios en el país.

Algo esencial, que en la era de la comunicación es una señal de vida.

Es que no hay otra. Si no trascendemos fuera de la colectividad estamos muertos.

 

“Si no trascendemos las fronteras de la colectividad, estamos muertos”.
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Date Posted: 3/2/2008
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