|    Register
   
Thursday, July 24, 2008
Article Details
"No se vayan, que esto recién empieza..."

Articulo de Opinion sobre el estado de la Revolucion Naranja a Septiembre de 2005. La crisis politica en Ucrania, la corrupcion y los acuerdos que amenazan la estabilidad democrarica.

Revolución Naranja, segunda parte Por Eduardo Slusarczuk

Las noticias de lo que sucede en Ucrania producen una sensación de deja vú de tal intensidad que obliga a rastrear en la memoria referencias que den una pista sobre su origen. Y la resolución está ahí, sobre la mesa del comedor o el escritorio.Todo depende del lugar en el que uno deje el diario del día. Más de una década de un gobierno cuyo mayor índice fue su grado de corrupción; privatizaciones a cambio de papeles compensatorios por pérdidas de depósitos bancarios a causa de una hiperinflación, más otras empresas vendidas al contado por precios de risa; funcionarios que renuncian y denuncian a sus antiguos patrones después de haber compartido con ellos la gestión; y la esperanza de un cambio radical (con perdón de la palabra) puesta en manos de los mismos políticos que hasta poco antes formaron parte del staff que ahora es repudiado. Todos elementos familiares para cualquier argentino informado. Esa familiaridad conspira contra un análisis despojado. A la luz de nuestra experiencia, es difícil pensar un desenlace diferente. Sin embargo, nada se pierde con el intento, y sobre todo, se justifica la profesión del que escribe.

La decisión de Víctor Yuschenko de destituir a todo su gabinete encabezado por Yulia Timoshenko fue fruto de un largo proceso de elaboración y una minuciosa evaluación de costos y beneficios. El nombramiento inmediato de Yuri Yejanurov demuestra que no hubo ni un poco de improvisación. La puesta en escena pretende mostrar contundencia en la supuesta cruzada contra la corrupción emprendida hace casi un año. Y en cierta medida logró su objetivo. Pero una lectura menos ingenua indica que la disputa entre Yuschenko y Timoshenko va mucho más allá de un vuelto o una coima no compartida, y que conecta en una línea directa con el estilo político que tanto afirman querer desterrar. Y para eso, es necesario rebobinar un poco.

Víctor Yuschenko

Hijo de docentes, su carrera profesional lo llevó a trabajar en el Banco Estatal de la Unión Soviética y en el Banco Agro – Industrial, en Kyiv, hasta 1993. El paso siguiente fue como Jefe del área de supervisión del Banco Nacional de Ucrania (lo que sería el Banco Central en la Argentina), a cuya dirección accedió en 1997 a través de un acuerdo parlamentario. Desde su puesto tuvo injerencia directa en el manejo de las herramientas financieras y monetarias que se aplicaron para frenar el proceso hiperinflacionario y en la puesta en marcha de medidas tendientes a modernizar (más bien a establecer) un marco regulatorio para la actividad bancaria. Su buen desempeño (o su capacidad de seducir a los poderosos y a los legisladores) le valió el nombramiento, en 1999, como Primer Ministro, postulado por el entonces presidente, Leonid Kuchma.

Yulia Volodymyrivna Hryhan

Un artículo del diario Ukrainska Pravda, fundado por el periodista asesinado Goergiy Gongadze, sostiene que “su biografía puede ser conocida no solo a través de la crónica oficial, sino por sus fotos, que permiten delimitar cada momento de su vida, de acuerdo a su estilo y a su imagen”. Ni hace falta aclarar que esa misma capacidad es la que le permitió convertirse en la cara visible de las movilizaciones del año pasado. Sin embargo, sus habilidades no se reducen a una buena elección de vestuario y peinados. A los 19 años ya estaba casada con Oleksandr Tymoshenko y cinco años después obtenía la licenciatura en Economía, en la Universidad Estatal de Dnepropetrovsk, título que jerarquizaría poco después con un doctorado. La cadena de video clubes que fundó en 1989 floreció de la mano de la apertura económica que ensayaba por entonces Gorbachov. Pero fiel a los designios del nuevo panorama (mientras algunos cráneos occidentales predecían, desde su arrogancia intelectual, el fin de la historia), orientó sus pasos hacia áreas más rentables. Sus ganancias fueron a parar a la producción petrolera, y creó la corporación “Combustibles Ucranios”. Seguramente sus vínculos y los de su marido con la antigua burocracia del Partido Comunista fueron esenciales a la hora de obtener el monopolio de la provisión de productos petroquímicos al complejo agrícola local. En una lección de diversificación de las inversiones, se sumó al negocio de la minería, y adquirió un porcentaje del stock de Totovske, una mina de granito rojo. Dedicada de lleno al área de los recursos energéticos, en 1995 fundó “Spivdruzhnist”, una empresa vinculada al transporte de gas. Para su nueva empresa se asoció con Víctor Pinchuk, yerno de Kuchma, aunque la cooperación entre ambos fue muy breve. La coronación empresarial de la “princesa del gas” llegó poco más tarde, al convertirse en la presidente de la novel United Energy Systems of Ukraine (UESU). El consorcio focalizó su actividad en la importación, transporte y distribución de gas ruso, y llegó a concentrar más de 20 estructuras comerciales e industriales, institutos de investigación, una compañía aérea y dos bancos. Pavló Lazarenko, por entonces representante presidencial en Dniepropetrovsk, se encargó de bendecir políticamente el emprendimiento. En forma simultánea, cuando la futura “Juana de Arco eslava” debutaba como legisladora, caían sobre ella las primeras denuncias por el desvío de parte del gas importado y transferencia ilegal de divisas al extranjero. Lejos de amedrentarse, y respaldada por el nombramiento, el 26 de mayo de 1996, de su padrino Lazarenko como Primer Ministro, la entrepeneur recorría oficinas con el fin de abrir nuevos mercados para su empresa. Sus minifaldas y sus botas de cuero de caña alta no cumplían un papel secundario en su tarea. Lazarenko duró poco más de un año, pero se las arregló para ingresar al parlamento a la cabeza del partido Hromada, del que Timoshenko formaba parte. Con su corporación caída en desgracia, la mujer consiguió silenciar, reunión con Kuchma mediante, el reclamo de la Oficina de Impuestos por una deuda de casi un millón y medio de hryvnas. Acto seguido, ante la detención en Suiza de su padrino Lazarenko, acusado de lavado de dinero, situación que se repetiría dos meses después en Estados Unidos, Tymoshenko se distanció de Hromada y fundó un nuevo partido, al que llamó Batkivschena. Bastante tenía con los cargos que arreciaban contra su marido y su suegro, cuyos prontuarios se ampliaban cada vez más, como para cargar con el lastre del descrédito de su aliado.

Yuri Yejanurov

Belkachi está en el norte más extremo de la provincia de Yakutia, en Rusia. Allí nació. Por esas cuestiones de traslados, tan comunes en el bloque soviético, se graduó en el Instituto de Economía de Kyiv en 1973. En 1994 dejó la industria de la construcción para hacerse cargo del Fondo de Propiedades del Estado, y llevar adelante el programa de privatizaciones. Puso manos a la obra y en 1995 se abrió la posibilidad de que cualquier ciudadano pudiera acceder a la propiedad de acciones de empresas estatales. En una experiencia que tiene más de un punto en común con la Argentina, poco de eso sucedió, y los favorecidos fueron grandes grupos económicos que se fueron apoderando de los activos. Originariamente, la Ley de Privatizaciones identificaba tres grupos sujetos a ser privatizados: 1) Parte del capital de compañías de negocios. 2) Construcciones sin terminar y emprendimientos estancados. 3) Unidades de propiedad de conglomerados de empresas, que pudieren tener un desarrollo independiente (una especie de desguace de las grandes empresas descentralizadas que producían una suela de zapato en Lvyv, los cordones en Jarkiv y el taco en Odessa, en un alarde de optimización del uso de recursos).

La Ley, por otra parte, excluía en forma efectiva del proceso a las propiedades del estado que revistieran “importancia nacional”, entre las que estaban incluído “activos de establecimientos educativos, deportivos y científicos; de empresas aéreas; de transportes impulsados por energía eléctrica; estaciones atómicas; de empresas productoras de licores y vinos; y –a prestar atención— activos relacionados con el sistema de energía ,redes de alta tensión, reservas de petróleo y gas y el manejo de su distribución”.

Queda claro que la ley fue letra muerta (alguien se encargó de matarla y no hay que ser adivino para saber quién fue), y entre los beneficiarios de su deceso se destacan Pinchuk, Lazarenko y Timoshenko, viejos amigos y camaradas del “club de Donetsk”. La prédica de Yejanurov coincidía perfectamente con lo que los dueños de la plata querían escuchar: “Queremos crear nuevos propietarios para prevenir un posible rebrote del comunismo”. Algo así como una guerra preventiva contra un fantasma. Como frutilla de postre, el funcionario sostenía, en un informe del Master’s Program in Economics de la Academia Mohyla de la Universidad de Kyiv, que aquellas empresas que no funcionaban adecuadamente debían ser saneadas por el Estado. Puesto en palabras más directas significa que el Estado se haga cargo del trabajo sucio de modo que la responsabilidad de los nuevos dueños se limite a calcular su renta, sobre cuya reinversión no existen requisitos legales. Con semejantes antecedentes, en una década de “pocos ganadores y muchos perdedores”, su acceso al ministerio de Economía era cuestión de tiempo, y así lo entendió Pavló Lazarenko, quien lo promovió. El combo estaba completo. Kuchma, Lazarenko, Yejanurov, Yuschenko y Timoshenko, por entonces ya directa colaboradora del Primer Ministro, en el mismo equipo. Aunque no por mucho tiempo. Sin Lazarenko, y con Yulia en busca de su destino, en 1999 la estrella alumbró el arribo de Yuschenko al lugar de primer ministro. Desde allí encomendó al ex titular de Economía una tarea de alcance internacional: el manejo de las relaciones con el Fondo Monetario Internacional. El nuevo capítulo no podía ser peor. La primera visita a Washington terminó antes de lo previsto y sin tiempo para ir de shopping. La delegación, que incluyó al ministro de Finanzas Ihor Mitiukov y al sucesor de Yuschenko en el Banco Central, Volodymyr Stelmaj, regresó a su país sin anuncios. Sólo con la noticia de que el programa de créditos había sido suspendido por supuestos balances inflados presentados por la entidad bancaria más importante de Ucrania. Comprobada la falta de mala fe en el manejo de la información, el crédito fue rehabilitado, y nuevamente suspendido ante “la falta de las reformas prometidas”. Como todo galán piropeador, el FMI a todos les dice lo mismo.

Soldado que huye…

Con la certeza de que un ciclo estaba finalizando, lentamente el equipo se fue desarmando. Finalmente Kuchma se quedó solo con su alma. En 2001 la reprobación parlamentaria separó a Yuschenko y a poco de asumir el liderazgo de la coalición de partidos Nueva Ucrania (Nasha Ukraina) se encaminaba a concentrar a la oposición. El resto es bien conocido. El intento de fraude montado por Kuchma y Víctor Yanukovich derivó en una fuerte resistencia popular a la que algunos comunicadores se encargaron de llevar al nivel de una “revolución”. Cierto es que en una demostración popular que puso a Ucrania en la tapa de los diarios de todo el mundo, el pueblo, sin distinciones de clase ni edades adhirió a sus nuevos líderes. Frente al apoyo efectivo del presidente ruso Vladimir Putin y de Kuchma a Yanukovich, la dupla Yuschenko – Timoshenko encarnó la esperanza de un cambio profundo. Y la gente, que soportó temperaturas de miedo frente a la plaza de la Independencia sintió, por una vez, que había ganado. Claro que cuanto mayor es la expectativa, mayor el desengaño y la decepción. Y hubo motivos externos e internos para que, de a poco, la “revolución naranja” tornara en una depresión que lleva el mismo color. De golpe la Unión Europea, la meta más importante del nuevo Presidente en política exterior, quedó lejos. A las declaraciones del líder italiano Luciano Prodi, que aseguraban que el ingreso de Ucrania era una fantasía, se sumaron las negativas francesa y holandesa a refrendar el texto constitucional de la UE, lo que puso en un compás de espera cualquier otra decisión. Sobre todo si se tiene en cuenta que los resultados de los plebiscitos mucho tuvieron que ver con el ingreso de los países de Europa Central y Oriental a la organización. La inclusión a la Organización Mundial de Comercio se demora, a la vez que las exigencias de mayores facilidades para el ingreso y egreso de capitales disminuyen la capacidad del Estado de controlar su flujo. Una profunda revisión del proceso de privatizaciones fue una de las banderas más agitadas durante la campaña. Pero la realidad demuestra que las investigaciones apenas afectaron a la sociedad del yerno de Putin y Renat Ajmetov, favorecidos con la entrega del complejo metalúrgico Kryvorizhstal. Yuschenko desautorizó el discurso combativo de Timoshenko, que prometía analizar unas tres mil adjudicaciones, y sostuvo que no más de 12 casos serían auditados. Su actitud guarda sintonía con los reclamos de los grupos empresarios, que fieles a su tradición, amenazaron con retirarse del país o con detener las inversiones (si es que las hacen), en el caso de que se les apliquen controles que ellos consideren excesivos. Cabe señalar que en sus países de origen las regulaciones y los regímenes de contralor son infinitamente más rigurosos que en países en transición hacia un sistema democrático. El embate contra Timoshenko también surgió de parte de los “analistas” que suelen recetar fórmulas de la felicidad a los países en desarrollo. La reducción en el índice de crecimiento del PBI, que pasó del 12 por ciento en 2004 a la mitad para el presente año es el caballito de batalla de la argumentación. En ese orden, la caída respondería a la falta de “seguridad jurídica” que provoca la posibilidad de que algunas empresas sean expropiadas (no importa si su adjudicación fue fraudulenta ni si el precio pagado fue mucho menor que su valor real), y también a medidas irresponsables. En ese estilo tan clásico que adjudica cualquier imperfección del sistema a los salarios y jubilaciones, Anders Aslund denunció horrorizado, en un artículo publicado en mayo por The Washington Post, que “la héroe revolucionaria Yulia Timoshenko optó por una política económica de naturaleza socialista o populista”. Una declaración formulada por la cara bonita de la revuelta naranja, en la que --con lógica pura y un sentido común poco habitual-- sostuvo que “las empresas que pueden ser manejadas eficientemente no deberían ser privatizadas porque le pueden dar grandes beneficios al estado”, lo escandalizó aun más. Anders Aslund, quien trabajó como asesor económico del gobierno ucranio --patrocinado por una ONG estadounidense-- entre 1994 y 1997, el período de la entrega masiva de empresas a capitales privados, la repudió en forma enérgica y exigió “una explicación de lo que está sucediendo”. Como si la mereciera. Las medidas adoptadas por Yuschenko también atienden a señales recientes del presidente George W. Bush hijo, a favor de una “profundización de las reformas”. Autoproclamado comisario del mundo, sus amenazas tienen conexión directa con los intereses estadounidenses en la cuenca petrolera del Mar Caspio. El fracaso temporal de las acciones en Irak y el peligro que representa Irán para la explotación petrolera, obliga a mantener despejados los canales alternativos. En ese sentido, Ucrania es un punto geopolíticamente estratégico en la relación entre oriente y occidente. Finalmente, de cara al futuro, Yuschenko prefirió barajar y dar de nuevo. En una nueva reacción tardía, descubrió que su pareja política no es tan honesta como su imagen coronada por una trenza de 200 dólares mostraba. Y como correspondía, la echó. Despechada, su ex decidirá qué apariencia adoptar para enfrentar su nuevo desafío. Hoy en día las encuestas con vista a las elecciones parlamentarias de marzo la dan como favorita. Es tiempo de Yejanurov. Aunque no debe haber sido la casualidad la que hizo hace un año que Yuschenko lo nombrara su representante en Dnepropetrovsk, el antiguo feudo de Lazarenko, la prensa lo califica con una imagen bien lavada: “un técnico muy capaz”. Aunque aclara que es un ferviente defensor de la economía de mercado. Pero todos sabemos que el mercado es neutro, ¿no? En definitiva, se trata de avanzar en las reformas. El nuevo – viejo funcionario, “formaría un gabinete basado en el profesionalismo y no en el partidismo político”, como si eso fuera garantía de algo bueno. Para eso, según el diario Segodnia (Hoy), Yejanurov estaría dispuesto a recuperar algunos miembros que acompañaron en el gobierno a Leonid Kuchma. Lo que se dice una verdadera renovación.

La respuesta se conocerá con el tiempo. Por ahora, como alguna vez dijo John Lennon,el sueño termino

You must be a registered subscriber in order to view this Article.
To learn more about becoming a subscriber, please visit our Subscription Services page.

Written By: 
Date Posted: 3/2/2008
Number of Views: 98

Return
An error has occurred.
Error: Unable to load the Article Details page.

Copyright 2007 by UCRANIA.com     |    Privacy Statement    |    Terms Of Use